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Buenas Lecturas, Buenos Lectores

Publicado Octubre 24, 2021

Por Casa Reimo

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San Antonio María Claret fue un hombre muy cercano a la cultura de su tiempo y un gran pionero en iniciativas de evangelización por medio de los medios de comunicación, que para su tiempo, ni era una pastoral como tal, ni había lógicamente la diversidad que hoy tenemos.


Es bien sabido que su deseo de evangelizar por todos los medios posibles no tenía límites y que posterior a 1840 llevó una prolífera misión en la que procuró distribuir buenos libros para contrarrestar la blasfemia y la influencia protestante. 

Cada tiempo presenta desafíos, algunos son recurrentes, y entonces se vivía -como podemos experimentar hoy en gran parte del mundo- la secularización, el “envejecimiento” de la Iglesia que se manifiesta en la palabra erosionada y poco creíble de muchos ministros. Ante esta situación Claret emprende una especie de cruzada para llevar lecturas provechosas a las personas, curiosamente en su mayoría escritas en español y no en latín como solía hacerse en aquella época.

Claret promueve bibliotecas por toda España, y no sólo eso, también forma bibliotecarios, capacitados para atender al público sediento de conocimientos y hacerlos encontrarse con la verdad. También es bien conocida su editorial “Librería Religiosa”, fundada a mediados del siglo XIX con José Caixal y Antonio Palau; editorial que pudo contar con una prensa mecánica que le permitió aumentar el número de tirajes para abastecer a seminarios, bibliotecas y otras instituciones.

El impreso, por su propio dinamismo, permitía poder llegar a muchas más partes a través de almanaques, periódicos, libros de colportor convirtiéndose en el medio privilegiado de difusión y adoctrinamiento. Esto fue aprovechado por Claret para extender su misión más allá de la península ibérica.

El Padre Claret redactó varias obras destinadas al clero y de manera general a las órdenes religiosas. Tuvo bien claro que para lograr buenos lectores no era suficiente con buenas lecturas; el material tenía que ser atractivo, enseñar una pedagogía de la lectura que atendiera al ritmo de la lectura, vinculando texto con imagen, por eso tuvo la genial idea de ilustrar por su propia mano algunas de sus obras.

Para Claret era muy importante prestar atención a qué público se dirigía. Por ejemplo las lecturas propuestas a las mujeres obreras responden a necesidades prácticas. Para hombres que pertenecen a distintas clases sociales y profesionales también se busca una adecuación entre contenido, forma y destinatario; asimismo obras sobre agricultura e industria coexisten con obras filosóficas e históricas.

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